Suelo hacer bastantes acuarelas a modo de pruebas de ensayo. No todas con ánimo de exponer, pero sí muchas, con la intención de que sirvan de pauta para las clases que imparto.
Este es el caso de la que aparece a continuación. Con la retentiva aún fresca de los paisajes del Pirineo con los que he "flipao" hace pocos dias; es decir sin muestra alguna, y he comenzado a descargar pigmento fluido en el Arches de grano medio, en posición vertical y sin siquiera estirarlo, dado que es de casi 400 gramos. De camino pruebo el último pincel adquirido esta mañana: un "petit gris puro" con la punta muy fina y que carga sin problemas.

A continuación, foto que te crió y a subirlo al blog. Lo he superpuesto a un cartón, por lo que se puede apreciar aún su alabeo. Bueno, y a que viene todo este rollo ?.Pues porque me va a servir para hacer un par de comentarios: primero, sobre la importancia de "soltarse" a la hora de pintar a la acuarela, (esta está resuelta en unos diez minutos); y segundo sobre la precaución de elegir bien los colores a mezclar, segun su "temperatura", este trabajito es eminentemente frio, pero incorpora rojos, rosáceos, amarillentos... pues bien el color rojizo debe ser la alizarina carmesí, y el amarillo prohibido sería el de cadmio, por su calidez.
Con pequeños ejemplos como este, eminentemente prácticos nos iremos introduciendo en el conocimiento sobre colorido.
Pero aprovecho, que estoy leyendo un "ensayo" que una pintora me ha recomendado, y que se titula Historia de seis ideas: Arte, belleza, forma, creatividad, nímesis, y experiencia estética. Ed. Técnos/Alianza; de un erudito muy lúcido llamado Wladyslaw Tatarkiewicz, y que define el Arte de una forma muy bella y precisa: "El Arte es la reproducción de las cosas, o la construcción de formas nuevas, o la expresión de experiencias -siempre y cuando el producto de esta reproducción, construcción o expresión, pueda deleitar o emocionar o conmocionar. Mi acuarelita estaría por tanto incluida en esta definición como "expresión de una experiencia", vivida y mantenida en la memoria para ser posteriormente sacada a la luz de manera idealizada, siempre que cumpla la segunda condición: deleite o emocione, (lo cual dudo que se produzca).
Seguro, que esta no será la última entrada donde aproveche para referir alguna de las ideas que W. Tatarkiewicz desgrana en su libro, me ha costado 23 euros y hay que sacarle partido, ¿vale?.